Carmen

El viernes recién pasado la Ilustre Municipalidad de Recoleta y su Corporación Cultural presentaron el espectáculo de ópera: “Carmen: Pasón Gitana”.

Decir que la puesta en escena estuvo notable, que la orquesta sonó muy bien, que los bailarines perfectos, que los caballos del regimiento se lucieron, que el toro gigante que servía de escenografía era majestuoso sólo serían detalles. Efectivamente fue una presentación buenísima, una cita exquisita y de verdad que un gusto de verla y gozarla. Bien por esa municipalidad y los privados que la apoyan que así como Celfin con Ennio Morricone hacen uso de la famosa ley de donaciones Culturales en beneficio de la comunidad.

Pero lo que para mi fue paradigmático fue lo siguiente. Al costado izquierdo del escenario, donde estaba ubicado yo, dejaron a un señor de edad, con pelo cano peinado hacia atrás. Por sus ropas uno descubría que era bien pobre no obstante andaba perfectamente afeitado. Era el tipico “curadito” de la calle al que dejaban de pie (no había donde sentarse en rigor) apoyado contra la reja para que tanbién disfrutara del show.

Si hubieran visto la alegría de ese hombre con los sones de la orquesta, como se le iluminaba la cara con la aparición de los personajes, a los que conocía pues gritaba sus nombres, como movía sus manos viejas, cansadas, delgadas y de uñas largas, con Habanera, por ejemplo. La felicidad de este señor, que nos tenía a todos perplejos erauno de los máximos indicadoresdel éxito de la iniciativa.

En cada termino de acto el hombre se movía a ratos con frenesí y gritaba bravo, maravilloso, lindo… ¿Qué puede ser más honesto que la felicidad de este señor que no le debe nada a nadie?

Al finalizar el locutor dice por los parlantes: “Gracias por su asistencia”, el señor se da vuelta hacia el escenario y le grita: “No!, gracias a ustedes” con los ojos en lágrimas.

Antes, a una señora que se acercó a conversar con él, le regaló un consejo: “Señora, vea la Traviata que es incluso más linda que Carmen”  (A Carmen le gritó traidora sobre el final del último acto)

Yo le regalé el programa de la obra, librito que inmediatamente guardó y atesoró entre sus ropas para recordar ese lindo espacio que la vida le dio.

¿Por qué nos llama tanto la atención que él conociera la opera Carmen, que gozara con la música?

Porque todavía vivimos con una venda en los ojos que nos impide darnos cuenta de  que la música, el arte, la pasión de vivir no es excluyente de clases sociales. ¿Acaso a la gente más “pobre” sólo les debe gustar el carnaval de los zancos y la batucada? ¿No tienen  derecho a la ópera, a Chopin, al Ballet, por ejemplo?

Las lecciones que se pueden sacar de este señor son muchas, a mi me sirve de inspiradora brisa para andar con ánimo, encantado.

Ojalá el Alcalde Cornejo y quienes trabajan por el arte en la Corporación de Recoleta hubiesen visto a este señor anónimo de la noche del viernes, de seguro se habrían sentido aún más felices de la gran alegría que nos regalaron a todos.

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~ por fuentesilva en marzo 31, 2008.

5 comentarios to “Carmen”

  1. Eduardo, muy atinado tu artículo. Es verdad que no es necesario ser rico ni pertenecer a la “grande sociedad” para gustar de la ópera. Muchos universitarios vibran con el bel canto, de hecho, las localidades económicas se agotan cada año en el Municipal precozmente. Lo sé, porque era uno de ellos cuando vivía y estudiaba en Santiago. En otros paìses sí se preocupan de este tema y hay emisiones especiales para todos. Recuerdo una vez en Viena haber podido asistir a un Rigoletto de campanillas con Edita Gruberova como Gilda en una localidad detrás de la orquesta pagando…un dólar. Sí, es verdad. Eran las entradas para becados y estudiantes que se venden en el día de la función por una puerta lateral y hasta el número 45 van a esas ubicaciones, después a los palcos más altos. Yo conseguí con mi esposa los números 42 y 43. Claro que hay que estar dateados y llegar temprano. Los turistas comunes y corrientes no saben este detalle que no se publicita, pero salía en el libro de Europa de Frommer de esos años.
    Muchas autoridades creen que a nuestro pueblo sólo les gustan las batucadas y las obras picantes. A lo mejor es lo que ellos mismos proyectan…Hay que nivelar hacia arriba, aunque al comienzo cueste imponerlo, pero hay materia prima, lo de Morricone y lo que comentas grafica que así es.
    No perdamos las esperanzas, que ya tenemos exceso de Illimanis, Quilapayunes y tamboreo y huifa. Vayamos un poco más allá.

    —www.cicalmo.wordpress.com

  2. Yo creo que este señor, ahora pobre, no lo fué anteriormente y seguramente disfrutó muchas veces de estas obras. Ahora las recuerda con nostalgia.
    Pienso que se le ocurrió pedir préstamo a los bancos y usó sus tarjetas de crédito, creyendo en la publicidad “sin comisión y sin intereses”. Resultado: quedó en la ruina.

  3. Lo notable es que el señor que vibró con Carmen se afeitó, se peinó y te aseguro que ese dia no bebió alcohol, hasta después del concierto, eso si. Porque debe haber sido algo importante.
    Bonitas instancias, ojalá se hicieran en provincia, ya que insisto acá eso no se ve, por ejemplo, Chépica se llena de orgullo de recibir a la reina del tropical (omito nombre) tb ha sido visitado por ilustres imitadores de charros y las radios locales en su mayoría tocan puras rancheras y afines… De música docta ni hablar, menos de jazz por ejemplo.
    Patricio, no necesariamente uno tiene que tener un buen estatus económico para saber de música, quizas el viejito escuchaba la radio bethoven.
    Que bonito lo que describes Eduardo, que bonito es emocionarse con cosas smples en la vida.
    Un saludo desde Colchagua

  4. Buena iniciativa! … coincido con lo que dice Rose. No es necesario tener plata para saber de música. Yo nunca la he tenido, pero me considero culto en el tema. Ahora, lo que dice Patricio, lo considero más una ironía que otra cosa. En fin, señores encargados de la cultura en Chile: más iniciativas como esta por favor!

  5. Hola, yo vi a un caballero mayor, de pelo cano un poquito largo y engominado hacia atrás, de camisa manga corta, feliz (ultra animoso mejor dicho) aplaudiendo y tarareando los acordes con mucha, mucha energía. Lo vi cuando estaba ubicado al inicio de la obra en el pasillo derecho, de pie, pero resulta que despues de unos minutos unos guardias lo llevaron a otro lado y me dio muchisima pena… porque pense que lo habian sacado del lugar ya que ahi estaban solo personas invitadas y el no tenia su asiento… supongo que es el mismísimo señor, y ahora veo que se las arreglo de lo mas bien para reubicarse mas alla y me alegra profundamente.
    El concierto estuvo genial… lo mejor fue ver que estaba REPLETO, a pesar del “ambiente de susto” que se generaba por el dia del combatiente al dia siguiente. Que mejor que sea la música y los espectaculos masivos y gratuitos los que “SE TOMEN” las calles estos días, las calles que son de todos, como el arte y los acordes que abrigaron esa noche allí, al lado del cementerio, tan, pero tan en PAZ. Muchos saludos, L. Mery

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