Aviones que van y vienen

Quiso la misteriosa fortuna, sea mala o extraviada, que la agenda esté marcada por aviones estrellados y llantos de dolor que derivan de su precipitación indeseada.

La primera aproximación nos lleva más allá de nuestras fronteras. Después de una larga espera, los restos de un avión chileno aparecen a la luz en medio de la jungla y el desconcierto.  El martes recién pasado, en el llamado Cerro de La Muerte, sector de 3 de Junio, provincia de Cartago en Costa Rica, la selva caprichosa se apiadó del silencioso dolor de un puñado de chilenos y devolvió los restos BT 13A  que habían sido perdidos tras un accidente en 1943.

Campesinos del lugar encontraron los restos de la nave hace 33 años y no habían dado cuenta a las autoridades. En 1999 un nieto de uno de los tripulantes conoció la zona. Recién hoy lo sabemos nosotros, en medio de la super selva de la información del mundo globalizado, lo que demuestra que algunos dolores no importan mucho, solo 8 años después causó revuelo.

La otra cercanía con el tema está marcada por una sombría mañana de esparcimiento en la precordillera. Nada más sano que realizar actividad física con las amigas del barrio, las mismas que conocían al dedillo cada pena y alegría de tanta complicidad compartida, las mismas que han tenido que tapar la cara con sus manos temblorosas al recordar el fatídico estallido.

Un avión de Carabineros con fallas técnicas busca deseperadamente un blanco en el camino para aterrizar de emergencia. Quizo el destino que este afán se llevara al menos a 11 personas. Ancianas, adultos, jóvenes empeñosos y hasta un menor. Todos por igual cerraron los ojos ante la inminencia del impacto y no los volvieron abrir nunca más.

No es la culpa del Aeródromo,  el yace hace años en el lugar, es la irresponsabilidad de los que dan permisos de construcción en zonas riesgosas.

Y ahora, sobre el final de esta tarde, el ocaso del día trae en el cielo rojo el eco de cuatro personas que se fueron de este mundo en el vuelo trágico del Lago Ranco. Esta vez fue un modelo Piper Azteca PA-34 el que sufrió el corte de su motor apenas comenzado el prodigio de lanzar al aire una máquina pesada, lo que le llevó a la tierra, como el que busca esconderse, como el que busca el descanso apresurado cansado de vivir.

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~ por fuentesilva en febrero 28, 2008.

2 comentarios to “Aviones que van y vienen”

  1. Uffff…fuertes tragedias, que sin duda se suman a tantas otras ocurridas; Ayer escuchaba un comentario de Ivan Valenzuela y sin duda tiene razón, los aeropuertos , aerodromos y basurales..son útiles para todos y nadie los quiere en su comuna mucho menos cerca de sus hogares, pero son necesarios y claro que es dificil ahora para las autoridades decidir que se va a hacer… Si tan solo años atras hubieran tomado buenas decisiones en cuanto edificaciones y repoblamientos de sectores, algunos no aptos y otros simplemente en el camino de estos rechazados lugares ….quiza la historia tambien sería distinta.
    Ahora que vivo en otro lugar me doy cuenta que Santiago esta horriblemente achoclonado, hasta me resulta absurdo pensar en los tiempos de desplazamientos que tienen los Santiaguinos y en la cantidas de horas perdidas en viajes de micro o metro ara llegar al trabajo o al cole… creo entonces que lo mejor sería comenzar a pensar …que esa planta de gas que haran en un sector de peñalolen…podria ser mejor en algun territorio a las afueras de stgo sin habitantes… a lomejor es mas caro… pero..es por el bien de muchos no…es una inversion al bienestar de los chilenos…asi muchos otros proyectos que hasta darian trabajo a personas fuera de stgo…porke bueno pa ke estamos con cosas la gente va a stgo y lo colapsa por que sigue habiendo mas trabajo ahi que en otras regiones o comunas….en resumen Edo, creo que descentralizar seria mejor, Santiago..No es Chile!!

    Mi humilde opinion..

  2. Sin duda que esta semana ha estado marcada por la tragedia, en particular por los accidentes aéreos… no sé si por el hecho de estar viviendo un duelo reciente ambas noticias me han dejado un poco shockeado. Tengo claro que la culpa no es del aeródromo, sino de quienes permiten construir casas a su alrededor, y al mismo tiempo, el destino impredecible y caprichoso nos depara este tipo de situaciones…

    saludos!

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