Bobby

Acabo de ver una película extraordinaria. Conmovedora, real, humana, emocionante y por sobre todo muy sincera.

Una que relata una época de sueños marcados por el deseo de paz, de igualdad, de entendernos y de acabar con las odiosidades. Se trata de los años 60, pero perfectamente podrían ser nuestros días.

La película se llama BOBBY,  dirigida y escrita por un brillante Emilio Estevez y trata de la cruzada emprendida por Robert Francis Kennedy, hermano menor de JFK, para llegar a la presidencia de los Estados Unidos, en medio del clima bestial y dividido de aquellos años. Esos momentos marcados por el horror de Vietnam, los constantes abusos racistas, el odio a los latinos, el asesinato de su hermano presidente y el gobierno de la razón armada.

Como es de público conocimiento, el sueño pacifista de Bobby Kennedy terminó silenciado por las balas de un sujeto llamado Sirhan Sirhan, un cristiano palestino de 24 años de edad que actuó solo en medio del Hotel Ambassador en California. Sus sueños comenzaron a diluirse en la cocina de ese añoso lugar con tres balas en el cuerpo  y terminaron esfumándose para siempre una mañana del 6 de junio de 1968 en el Hospital de Buen Samaritano.

Ni siquiera me referiré al simplemente impactante reparto de la película ni a sus cualidades audiovisuales que dan como para otro momento, me quiero quedar con las palabras de Robert Kennedy durante un discurso y que coronan la narración de la obra. Si prestan atención, a 40 años de su muerte, su pensamiento cobra una fuerza tan clara, porque parece que en estas materia no hemos avanzado mucho. Menos acá en Chile donde cada día despertamos con el temor de un nuevo muerto en la Araucanía, en la esquina de la casa o a la salida del trabajo.

Estas son sus palabras:

“No es materia de preocupación de ninguna raza en particular, las victimas de la violencia son negras y blancas, ricas y pobres, jóvenes y ancianas, famosas y desconocidas. Son, por sobre todas las cosas, seres humanos a quienes otros seres humanos amaban y necesitaban.
Nadie, no importa donde vivan, o lo que haga, puede estar seguro de quien será el próximo en sufrir un derramamiento de sangre absurdo. Pero continúa y continúa sucediendo en nuestro país. ¿Por qué?, ¿Qué ha logrado la violencia alguna vez?, ¿Qué ha creado?

Demasiado a menudo honramos el pavoneo y la fanfarronería de los que ejercen la fuerza, excusamos a los que están dispuestos a construir sus propias vidas sobre los sueños rotos de otros seres humanos. Pero esto es mucho más claro: La violencia engendra violencia, la represión engendra represalias y sólo la purificación  de toda nuestra sociedad  puede remover esta enfermedad de nuestras almas…

Porque cuando enseñas a un hombre a odiar y a temer a su hermano , cuando le enseñas que un hombre es inferior por su color o por sus creencias o por las políticas que sigue, cuando enseñas que los que difieren contigo amenazan tu libertad, tu trabajo, tu hogar o tu familia, entonces tú también aprendes a enfrentarte a otros no como conciudadanos sino como enemigos, a no encontrar cooperación sino conquista, a ser subyugado y dominado…

Nuestras vidas en este planeta son demasiado cortas, la tarea ha realizar es demasiado grande como para permitir que este espíritu siga prosperando en esta tierra.

No podemos desterrarlo con un programa ni con una resolución, pero podemos recordar, aunque sea por un tiempo, que los que viven con nosotros son nuestros hermanos, que ellos comparten con nosotros el mismo breve momento de vida, que ellos buscan, como nosotros, nada mas que la oportunidad de vivir sus vidas con propósito y felicidad ganando la satisfacción y la realización que puedan.

Sin duda, este vínculo de destino común, este vínculo de metas comunes pueda comenzar a enseñarnos algo.

Seguro podemos aprender por lo menos, a mirar a nuestro alrededor y vernos , a ver a los hombres, y comenzar a trabajar un poco más duro. Para sanar las heridas y convertirnos, de todo corazón en hermanos y compatriotas otra vez”

Son palabras de una fuerza notable en una película que recomiendo ver si o si. Un homenaje a la paz, al amor, a la igualdad, a los derechos civiles, a creer en nosotros como sociedad, a no comulgar con ruedas de carreta, a no dejar que nos sigan metiendo el dedo en la boca. A decir basta a tanta estupidez de los que tienen cierto poder, ya sea de urnas o de armas (que hasta suenan parecido).

Edo

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~ por fuentesilva en enero 7, 2008.

Una respuesta to “Bobby”

  1. Curioso. No conozco a nadie que haya visto esta película.
    A mí me gustó, sobre todo por el enfoque desde el punto de vista de las víctimas, que poco y nada tenían que ver con “Bobby”.
    También me agradó que no se le mostrara la cara, a fin de cuentas lo que nos importa es el atentado y los pormenores del asunto.
    Saludos colega (sí, somos colegas)

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