Volcán Llaima

Vaya forma de comenzar el año. Una vez más la naturaleza nos recuerda el frágil equilibrio en que nos mantenemos. Esta vez, una de las pesadillas recurrentes del Cinturón de Fuego del Pacífico, un volcán, nos recordó con tremenda fuerza todo el poder que puede ejercer. Ni los especialistas más afortunados y plenos de inspiración en efectos de artificios, de esos que llenan los cielos en cada año nuevo, podría siquiera igualar tamaña demostración de poderío.

El Llaima, volcán que ya el  94 nos había mostrado su tenacidad, nos volvió a decir que este mundo es de él, no de nosotros. El mundo entero no nos es un regalo unívoco, eso lo perdemos de vista con demasiada frecuencia. Olvidamos con pertinaz brutalidad que todo cuanto nos rodea esta a préstamo en nuestras vidas y que hemos de ser responsable en su cuidado.

Alguno pensará que este recuerdo está de más, que en este caso en particular no hay responsabilidad alguna endosable al ser humano. En cierto, pero también es verdad que somos nosotros los que estamos llamados a vivir aceptando las reglas que imponen la naturaleza, vivir en lugares seguros, mantenernos alejados del riesgo, vivir en paz con ellos.

En Rey Lear, la obra clásica de Shakespeare donde las intrigas y la ambición rompen los códigos fraternos de amor y la obediencia,  el soberano mendigo se entrega al mundo de los elementos desatados en medio de una tormenta de características bíblicas. Lear, con el alma herida y con el pecho infestado de las víboras del rencor, agita a la naturaleza para que manifieste su fuerza destructora en un rito que finalmente no busca otra cosa que su propia sanación mental (y la de los que le acompañan, como el pobre Tom). Espero que en este caso, no exista un Lear chileno buscando sanidad ni pensando en metáforas de sanación en un acto tectónico que no es otra cosa que una demostración más de lo vivo, constante, dinámico y potente que es el mundo que nos rodea y del poco cariño que le tenemos, a veces, en esta extraña simbiosis que gozamos tan impunemente.

Edo

ps: Llaima quiere decir «desaguadero» o «zanja», en alusión a una gran grieta que apareció cerca del cráter en la erupción de 1873, claro que  según otras traducciones  su nombre  significa «venas de sangre» o «viudo».

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~ por fuentesilva en enero 2, 2008.

2 comentarios to “Volcán Llaima”

  1. …verdad la manera de comenzar el año 2008.

    quizas Dios el Todopoderoso, nos quizo decir “no tanta fiesta” y que se dieran un espacio ò tiempo para buscarle..porque mas de alguno clamo a Dios pidiendo misericordia, no era para menos….y de alguna manera tuvieron ese espacio de hablar con Dios, el hace como el quiere donde quiere y con quiere.

    Ahì se puede ver el poder de Dios, sobre todas las cosas creadas y que el dueño de todo es el. no los humanos, no la naturaleza, nadie sino solo Dios el creador de los cielos y la tierra…….

    no es x ser pesimista, pero sabemos que se vienen cosas peores que lo que ya han ocurrido a medida que avanzan estos años, no solo en chile tambien es otros paises…porque el tiempo esta cerca…x eso mismo es mejor no afanarse ni aferrarse a las cosas de la tierra sino las de arriba.

    ya eso..Dios les bendiga xao….

  2. ok

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