Crónica Ociosa 012

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De teléfonos Alcatel, ascensos, humillaciones, llantos, y otras artes.

Ayer Alcatel lanzó su nueva linea de teléfonos en nuestro país. En un estupendo almuerzo, realizado en el restorant C de Vitacura, dieron a conocer las tendencias que moverán sus esfuerzos en el 2008. No les puedo contar mucho, pero hay al menos un modelo francamente espectacular en cuanto al diseño.

En este mismo acontecimiento, organizado por los amigos de Contacto21, tuve la oportunidad de compartir mesa con la directora de la revista CONOZCA MÁS, Paula Avilés y quién hasta hace poco era su mano derecha, Francisca Vives. Los tópicos que amenizaron nuestra charla fueron el reciente ascenso de esta última a la condición de directora de la Revista PARA TI, razón por la cual le felicitamos y deseamos éxito, y también hablamos de las humillaciones públicas que nos había tocado vivir en algún momento.

Paula relataba el llanto explosivo que le inundó tras ser expulsada de un estacionamiento, lo que me hizo recordar uno de esos momentos tristes de la vida pero de los que te acuerdas y te ríes.

Estaba en el colegio, año 1988, octavo básico, y tenía que ir hasta la Biblioteca Nacional para hacer un trabajo (si, no había internet, ríanse no más). Vestía mi traje de pantalones color gris, zapatos negros y creo que calcetas blancas (odio a Michael Jackson por eso!). Camisa blanca y corbata azul con gris con la insignia de mi glorioso Colegio Parroquial San Miguel bordado en uno de sus extremos. Es decir, vestía de pinguino.

Extiendo mi mano para hacer parar la micro y ésta no se detuvo. En el siguiente intento el semáforo fue mi aliado obligando al conductor a detener la marcha y permitir mi ascenso. Subo, saludo cortés y entrego la suma pactada de $30. La mano grande y sudada del conductor recibió las tres monedas amarillas y sin dejarlas en la “pecera” elevó la extremidad hasta su cabeza para luego lanzar, en tono marcial y despiadado la siguiente pregunta: “y el pase escolal?”. Balbuceo tímido un “no lo traigo”. En ese instante, orondo, el chofer me dice tajante: “bájate entonceh!”, al tiempo que depositaba, esta vez en mi mano, las mismas tres monedas amarillas.

No recuerdo con claridad todo. Solo recuerdo que en ese preciso instante un frío desgarrador hizo presa de mi. Me sentí humillado, pasado a llevar en cuanto a mi dignidad, miré mis zapatos al descender del bus y los vi más sucios de lo adecuado, casi rotos, curvos como los zapatos de Marco, el de los monitos animados que ilustra esta entrada, con pasos breves, lentos, esperando un “ya, súbete no mah”… el que nunca llegó.

En el paradero, bajo el intenso sol de diciembre y viendo partir esa micro, el temblor de mi pera anunció mi último llanto de humillación. Sentí tanta rabia, recordé cada instante y repasé el episodio para ver que había hecho mal. Pero no llegué a conclusión alguna.

Hoy lo puedo contar como una anécdota. En su momento fue un trauma.

¿A quién no le ha pasado algo similar?

Edo

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~ por fuentesilva en octubre 25, 2007.

7 comentarios to “Crónica Ociosa 012”

  1. ¿Que puedo decir Eduardo?, creo que esto nos ha pasado a todos lo que un día fuimos estudiantes.
    Lamentablemente no todos los choferes son iguales, pero si una gran mayoría de ellos.
    Un abrazo, te escucho cada tarde en la radio, es muy bueno el programa.

  2. a mi me paso algo similar, pero las palabras que uso el señor chofer (profesional del servicio) no fuero las que uso contigo, fueron de un calibre mas elevado, palabras que en mi corta vida habia escuchado, lo malo de todo es que no espero a que me bajara para partir rauda y velozmente de esa esquina, por que Dios es Grande no me paso algo, pero las maldiciones que se llevo no fueron pocas, pero con el tiempo me fui acostumbrando a que me bajaran por no tener pase escolar, ese pase roñoso, que se despegaba a mitad de año, ahhhhh!!! que tiempo aquellos, QUIERO VOLVER AL COLEGIO!!!!!!!!!!!!

    visita mi blog

    http://alersi.blogspot.com

  3. Casi me haces llorar… si no fuera por el casi, jejeje… A todos nos han pasado leseras así de pencas sobre todo cuando uno es muy pendejo (8vo en el año 88… en ese año yo iba en 3ero Medio, así que desisto en mi morboso interés de hacerte los puntos, jajaja) A raíz de eso de tu frustrado viaje en micro, me acordé de mi propia historia micreril, con un final más feliz que el tuyo, y que igual fue medio chistosa… Corría el año 86 y tomé la micro en República con Blanco a eso de las 7 y algo de la tarde… no tenía plata pa la micro porque me la había gastado en el recreo en una dobladita indigna del casino.. bueh, la cosa es que paró la micro y me subí con un choclón más de pinguinos de mi Liceo (el glorioso pero venido a menos, Darío Salas), la cosa es que cuando me tocó pagar, hice todo el show como de que estaba buscando las monedas, las que sabía que ni por milagro iban a aparecer, durante todo el mini viaje (la verdad es que vivía bastante cerca), la cosa es que una cuadra antes de llegar a mi paradero, miré con cara de desesperación al chofer y le dije: no las encuentro… me voy a bajar (con mi mejor cara de Candy, pa ponerme a tono con tu Marco). Y hago amago de bajarme… y el chofer me dice: No! cómo se le ocurre, quédese no más!… Xuxas, pa resumir… me bajé 10 cuadras más allá de mi casa y caminé todo el camino de vuelta. POR GIL!

  4. la humillación más grande que sentí fue cuando tenia como 9 años y mi papá me agarró a correazos a poto pelao a fuera de un negocio que tenía y justo en la hora peak de tráfico.
    no se lo doy a nadie.

    saludos EDO

  5. George… nada peor que la humillación con el poto al aire…
    Sabina… nada mal hace caminar… jejeje
    Fdo… que bueno que nos escuches…

  6. […] Cuando nos dicen que debemos subir al escenario del Estadio Nacional, como se ve en el video anterior, nos embargan sentimientos encontrados a quienes estuvimos en los teléfonos. Por un lado es muy choro estar ahí, con esa cantidad de personas gritando y la buena onda que se vive. Por el otro, el cansancio de tantas horas sin dormir te hace pensar en que lo mejor es irse a casa (como efectivamente algunos lo hacen) Bueno, yo fui otra vez al nacional. El año pasado ya había sido medio penca porque los productores, muchos de ellos envueltos en una histeria impresionante, te hacen sentir como que te están haciendo un favor con dejarte subir. En el fondo uno no pide “camarones en el camarín”, pero si un trato, digamos, digno. No como esa vez en la micro. […]

  7. Lo mas bacan me pasó una vez cuando iba al instituto (ya estaba viejito pues) entonces, me bajé de la amarilla micro 211 en tobalaba con providencia, para hacer el trasbordo al metro (direccion stgo.centro), voy buscando en el bolsillo , las monedas para comprar el boleto de metro y no tenia nada de nada, seguramente, de despistado se me cayeron del bolsillo al ir sentado en el bus.
    Lo unico que atiné a hacer, sin aspavientos ni alambicadas explicaciones es enfrentarme a dos gentiles colegas estudiantes, que por supuesto no conocía y explicarles mi inverosimil y ajena situación:”hola. sabes que iba en la micro, y al bajarme para hacer el trasbordo, me di cuenta que no tengo mi un peso pa’ llegar al instituto…” muy amables las dos, me preguntaron si tenía el pase escolar, se devolvieron de su trayecto hacia las boleterias y no me compraron uno, sino dos boletos “para que tengas de vuelta (merme)”. Siempre recuerdo ese momento y cada vez que le doy vuelta me confirma que la mejor opcion es siempre ser honesto, a pesar de parecer tonto.

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