Pequeña Miss Sunshine

Este post lo escribí poco antes de ir de viaje a Buenos Aires. Había visto la película y me había hecho click… pero no lo publiqué porque tenía otros comentarios prioritarios. Pero recordando esa sensación especial que te deja, es que la desenfundo y desempolvo para compartirla con ustedes.

 

Hace poco saldé mi propia deuda y me aventuré a ver “Pequeña Miss Sunshine”.

Reconozco que partí con un prejuicio inmenso. Generalmente dudo de aquellas películas que han sido tan aplaudidas en columnas tan diversas. Me había quedado en los comentarios, me hacía cortocircuito el rol que debía interpretar Steve Carell (¿emula a Jim Carey actuando de serio?) y otros temas más. En fin… al diablo con los comentarios y si, la vi.

Me trago mis palabras.

Una familia absolutamente disfuncional, como la mía o la tuya, formada por un padre seudo vendedor de pomadas, un hermano renegado y absorto en su sueño de volar, un hermano gay – suicida, un abuelo paterno que viene de vueltas y está metido en la coca, no por choro, sino porque le da lo mismo. A esto sumemos los elementos femeninos, cada uno antípoda del otro. La mamá terrestre, tratando de hacer llevadero lo que no lo es y la hija inocente, cándida, brillante, flotando en sus fantasías de concursos de belleza.

El viaje que deberán emprender todos juntos, un tópico recurrente del cine, en una WV Combi parecida a la Fortunato pero amarilla y de un solo piso, es más que la travesía netamente física, es más que el simple desplazamiento de los cuerpos. Se trata de un periplo a la redención. Pero ojo con esto, porque ellos no se redimen con la sociedad, es más terminan burlándose de una parte de ella. No, ellos se redimen para consigo mismos y sus pares. Se redimen con ellos y por ellos. En el fondo lavan sus propias heridas aclanándose aún más y encontrando en su entorno más breve, en su propio seno, lo que trataron quizás de buscar en ambientes externos.

La verdadera felicidad de esta película no la encuentran los actores ni sus personajes, en la muerte, el suicidio, el silencio, la esperanza premiada por la belleza infantil seudo pedófila, las drogas o el éxito editorial. No. La alegría esta más cerca, en ti y en mi.

Terminas de ver esta película con una paz bonita en tu interior. Como cuando vas a ver Love Actually o similares. Nada masoquista como ver Magnolia o Requiem por un sueño todas películas corales tan de moda por estos días.

Si quieren darle un baño esperanzador a sus vidas, se las recomiendo. Una historia sencilla, muy bien contada por sus debutantes directores Jonathan Dayton y Valerie Faris y llena de colores (de los reales y de los emocionales).

Nota aparte es la pequeña Abigail Breslin como Olivia, la niña del lote. Una suerte de Belén Soto de ojos claros y grandes lentes.

La están dando en el cable por estós días, pero mejor es el DVD con sus extras.

Edo

ps. Pinchen en los nombres de las películas para ver las web originales que están muy buenas

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~ por fuentesilva en octubre 17, 2007.

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