Buenos Gallos

 

Parece que el brinco deseperado a la chilenidad de estos días, nos obliga a mirar más hacia la tierra que a los aparatos inalámbricos. Después de estos laaargos cinco días, en los que el mouse fue cambiado, al menos parcialmente, por unas extraordinarias empanadas hechas en horno de barro, quedan algunas cosas en uno que no se pueden perder así como así.

Me refiero, por ejemplo, a lo buena gente que es el chileno de campo. No digo que los de cordillera o de la costa sean de otra tela. Nada que ver. Pero el hombre de campo, o lo que los citadinos conocemos como campo, tiene esa cosa en los ojos que los convierte en personajes entrañables. Hago esta aclaración porque Curicó es ciudad vestida de campo. La irrupción del gigantesco mall, con los cines y las tiendas anclas al lado de los restoranes tex mex la visten también de urbe, pero rodeada o, mejor aún, inundada, impregnada de campo.

Conocí a los Fernandez Briones.
En una añosa casa chilena, hecha de adobe*, gruesos y firmes muros, techos altos, maderas nobles, corredores plagados de historias, canciones con guitarreo y murciélagos bailarines, viven hace ya largos años los miembros de este clan. Un reducto instalado en una casona patronal rodeada de molinos, como el de los Suazo, talleres mecánicos que atienden más autos que tractores y restoranes boutique. “La casa sigue firme ahí, donde siempre”, parece decir el sabio Cerro Condel. El mismo que conoce cada secreto de esta ciudad bella y que generoso acoge a los que buscan una plataforma privilegiada para mirar las tierras de las aguas negras.

Sin saberlo, cuando me disponía a degustar con mi papá una plateada al jugo, tradicional plato en el ” Colo Colo” de Romeral, fui a dar con esta gente buena. Familia graaande, de extensos árboles genealógicos que une ciudades como Tomé, la misma Curicó y quién sabe que otras partes.

Los patriarcas de este clan se afanan en la cortesía, me muestran cada rincón de la maravillosa casa al tiempo que nos deleitan con las empanadas antes mencionadas, el pan humeante y bronceado de rescoldo que salía de la boca negra del barro inmenso instalado en el patio, frente al gallinero y en la antesala de los predios y sus esperanzas de cosecha.

Gran tarde la del martes, a la sombra de árboles, al calor de un rico vino con chirimollas, a la hogera de gratas anécdotas, rodeado de buena gente.

No quiero entrar en los detalles de los nombres, no solo por miedo a olvidar a alguno de los padres, hijos, nietos, amigos, pololas, cuñados y nueras, sino porque me basta el cuasi anónimo ejemplo este pequeño cuadro de la gente buena del sur.

El gallo de la foto vive ahí. Como el profeta de Peñalolén, rodeado de amor y de paz de verdad.

Viva Chile Mierda!

Edo
190907
*Para los más fanáticos, me refiero al material hecho con barro y paja y no a la empresa responsable del Photoshop.

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~ por fuentesilva en septiembre 20, 2007.

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