Mes de la dependencia

Hace poco me dijeron que cuando las cosas no están del todo bien lo mejor era hacerse cargo de sí mismo y no buscar sanaciones externas milagrosas. Pero como a veces, no mejor aún, nunca eso se logra de la noche a la mañana, era bueno tener una válvula de escape que sirva de refugio ante los posibles casos de “fatiga de material”. En el fondo lo que me estaban diciendo era que encontrara un lugar en donde verter los gritos para no tener que hacer un recuento mayor de daños.
En el fondo este blog es un poco eso. Un estante de recuerdos frustrados, conversaciones pasajeras, sueños diluidos y muchas cosas más de dificil clasificación.

Este fin de semana me animé a un reencuentro. Mirar hacia atrás y recordar lo que se tenía o lo que faltaba, lo que se conserva a pesar del tiempo e intentar soplar en los engranajes viejos y a ratos secos para poder ver que la máquina aún tiene capacidad de movimiento.

Los hechos cuentan así:

A los 19 años corté el contacto con la familia de mi mamá. No viene al caso el porque, sólo el hecho relevante que no supe de ellos casi nada hasta más o menos 11 años después. No es que no hubiera interés, son otras cosas, las que no se conocen las que hacen que no se de así no mas y punto. Y en esto el juez tiempo tiene siempre poder y razón. Así, la sumatoria cronológica infatigable siempre convertirá esos pequeños segundos, en horas, meses o años. Para cuando ya no se llaman segundos, la tarea se hace cada vez más compleja.
Esa década se cerró con la asistencia a un matrimonio. No el mio, que ya había ocurrido sino el de mi prima.
Después de eso, otra vez lo mismo. Se sumaron dos o tres años más. Hasta el sábado, cuando la misma prima que vi casarse volvía por breve tempo al pais porque su casa ya no está acá sino en Canadá.
Emociones, ricos recuerdos, honestas alegrías. Volver a ver las paredes en las que pasé tantas horas, los mismos pasillos, las ramas ahora más dispersas de los árboles en medio de las tazas de tierra que tantas veces ayude a llenar de agua. Estaban vivas todavía y con tremenda fuerza las risas contagiosas, las anécdotas reiteradas, la amistad de siempre. Las miradas tiernas, los abrazos cálidos.
De regreso en el auto, escuchando esa música que te ayuda a recordar mejor, rondaba a mi cabeza la misma pregunta de hace 7, 9 u 11 años ¿por qué dejé pasar tanto tiempo?. Y la verdad es que no existe respuesta capaz de justificar la ausencia. No existe ese argumento que valide el cierre de una parte de mi que siempre estará. Esa parte que me recuerda a mi mamá, a su generosa vida, su universo fuera de serie y su alegre, festivo y carnavalesco delite por vivir, el mismo que el cancer no entendió.
Me alegro de haber estado ahí, ahora. Ojalá está vez no pasen tantos años. Parece que no es tan dificil vivir en vez de recordar.

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~ por fuentesilva en septiembre 17, 2007.

Una respuesta to “Mes de la dependencia”

  1. me encanta el 3×3 y me encanta la andreita tiene el medio cu..erpo
    mmando saludos pa uds
    xau

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